💥 El evangelio en Substack...
... o de cómo acabé callado por hablar libremente sobre una traducción.
¡Hola de nuevo, especuladores! ¿Oís eso? Es el fuego de las brasas de la hoguera. 🔥🔥
Había pensado publicar este post en la newsletter hermana La Bitácora del Filólogo, pero creo que no se trata sólo de una cuestión lingüística, sino de algo más profundo que tiene que ver con las ideologías, esos paquetitos de ideas que pretenden eliminar todo margen de error y nos impiden ver a los demás como a iguales que procesan pensamientos distintos. Ya sabéis: o estás conmigo, o estás contra mí.
🔇 ¿Existe la libertad de expresión en Substack?
En teoría, sí. En la práctica… depende de a quién molestes, de cuántos dislikes estés dispuesto a tragar y de si has entendido que opinar no es lo mismo que tener razón.
Vivimos en una época curiosa: todos hablamos de libertad, pero cada vez que alguien dice algo fuera del rebaño, le llueven etiquetas, bloqueos o silencios.
💣 Este post no va a gustar a todo el mundo. Ni falta que hace.
Vamos a hablar brevemente de censura suave, de corrección política y de por qué todo eso nos está quitando lo más importante: la posibilidad de pensar por nosotros mismos.
Así que si has llegado hasta aquí con ganas de incomodarte un poco (o de incomodar a los demás), adelante, ¡acompáñame! O no. Tú sabrás. 🤐
La observación: un mecanismo para llegar a conclusiones propias
Hace 4 días un usuario de Substack, de cuyo nombre no me acuerdo, publicó una Note en su muro. En ella hablaba de una nueva traducción que acaba de salir al mercado del Evangelio según San Mateo. El título de la edición es Mateo. El evangelio liberado y la editorial responsable es Blackie Books. La responsable del proyecto es Roser Homar (una colega, filóloga clásica como yo), a quien la editorial atribuye la primera traducción femenina de la historia, lo cual de primeras ya me extraña bastante… ¿Quizá una brizna de márquetin rancio?
En cualquier caso, puedo entender que se trate de una estrategia comercial adornada con aportes literarios que elevan el caché intelectual del libro: Jorge Luis Borges, Augusto Monterroso, Juan José Arreola… Hasta aquí todo bien. Supongo que es una buena noticia. Probablemente el libro más influyente de la historia de Occidente revisado… ¡Oye, pues de lujo!
El substacker en cuestión adjuntaba también unas cuantas imágenes interiores del libro, entre las que aparecía la portada y contraportada teñidas de un color más propio de un chicle radioactivo que de un texto sagrado, el famoso Beso fraternal socialista pintado en el muro de Berlín por Dimitri Vrubel, y lo que me pareció una comitiva estadounidense de pleno siglo XX, como salida de un desfile del 4 de julio en pleno colocón de LSD.
Dentro de la web de la editorial, vi que catalogaban al libro como “Clásico” (OK), “Novedades” (OK) y “Ficción”… ¿Ficción? ¿En serio? ¿Vamos a meter en el mismo saco a Mateo que a Harry Potter? Hablamos, nada más y nada menos, de un texto central para una religión con más de 2500 millones de seguidores.
Y sí, entiendo perfectamente qué ha podido llevar a los editores a etiquetarlo como tal (sí, sigo cuerdo), pero, ¿no resulta un poco cuñao desacralizar un texto que no ha dejado de ser considerado sagrado desde hace 2000 años? No hablo aquí como cristiano, sino como aquel que, observando las tendencias sociales de mi tiempo, ve cómo las corrientes que más presumen de inclusivas se empeñan en borrar lo que hace únicas a las personas.
A todo esto, añado que, al menos para mí, toda literatura tiene algo de sagrado. Como el arte en general, nos conecta con lo profundo.
En este momento yo ya no entendía nada. Mi ceja ya estaba arqueada en modo Spock. Si lo que pretendían era impactarme como comprador potencial, lo habían logrado. Por un momento incluso me pregunté si el color de la portada o el título de El evangelio “liberado” iban con intenciones ideológicas camufladas. Quiero pensar que no. Pero vamos, me olía un poco raro.
El «casus belli»
Lo más mosqueante no fue el libro en sí. Fue el tono del substacker.
Volviendo a la Note, el tipo citaba el prólogo, donde —según él— la traductora explicaba que había decidido cambiar la clásica expresión “Hijo del hombre” (υἱὸς τοῦ ἀνθρώπου, huiós tu anzrópou), referida a Jesús, por “Hijo de la humanidad”, en la idea de que “hombre” es un término ambiguo para los tiempos que corren… Claro, es que ánthropos (ἄνθρωπος) en griego significa “ser humano”, frente a anér (ἀνήρ), que significa “hombre”.
Conclusión: el substacker notero ya tenía su bandera ideológica izada. La decisión de la traductora le pareció lo más.
En mi respuesta le recordé que, tanto en español como en inglés, las palabras “hombre” y “man” hacen referencia a la noción de “Humanidad”. (La palabra en inglés la colé pensando que la traductora era extranjera... pero resulta que es catalana.)
¿Y qué me contestó el muchacho? Una de esas respuestas de bar de tapas: “Cuando en un cuestionario nos preguntan si somos ‘hombre’ o ‘mujer’, ¿nos están preguntando por nuestro sexo o por si somos seres humanos?”
Y bueno, fuimos a darle profundidad al asunto con una respuesta de este tipo:
En primer lugar, en español, como en otras lenguas, las palabras son polisémicas y siempre se dan en un contexto determinado. Esto explica que cuando en un cuestionario se quiere saber nuestro sexo, se nos pregunte por “hombre” o “mujer”; porque una de las acepciones de “hombre” en nuestro idioma es “persona de sexo masculino”.
Como ya es sabido, el español marca neutralidad mediante el empleo de la morfología masculina. Esto hace del femenino un género gramaticalmente especial, ya que cuenta con unas marcas propias que lo desambiguan de forma precisa.
Por último, el vocablo “hombre” procede etimológicamente de latín hominem (de homo, hominis), que es el calco léxico del griego ánthropos. Es seguramente por esto por lo que el DRAE registra como primera acepción de “hombre” la de “ser humano”.
Mi mensaje terminaba con una observación importante: que un traductor debería tener en cuenta todo esto si de verdad quiere hacer un trabajo fiel. A veces no hace falta innovar. De hecho, casi nunca. Y menos cuando estás versionando algo que lleva 2000 años en circulación.
¿Hace falta renovar ediciones? Por supuesto. ¡Que vivan las nuevas traducciones! Pero no le metas tu ideología con un calzador. Entre otras cosas porque si hay alguien que defendió la figura de la mujer en la historia, Ese fue Jesús.
🧨 Un final inesperado
Lo que jamás pensé fue que el substacker iba a borrar su comentario... o a bloquearme. El caso es que ¡plop!, desapareció. Ni rastro en mis notificaciones. Nada. Y eso que yo esperaba su respuesta con ilusión.
Parece que la libertad de expresión tiene fecha de caducidad... ¡o botón de pánico! Como en las pelis malas de inquisidores: basta discrepar para que te acallen sin juicio ni defensa.
Epílogo: el problema no es Substack
Y no, esto no va contra Substack. La plataforma no es el problema. Al contrario: Substack nos deja decir lo que nos dé la gana dentro de unos márgenes. El problema, una vez más, somos nosotros.
Usamos plataformas supuestamente libres como si fueran trincheras. Nos montamos nuestro chiringuito ideológico y bloqueamos a quien no comulga con nuestra misa. Convertimos la crítica en ofensa, la disidencia en amenaza, y la discrepancia en motivo de expulsión.
La pregunta que cabría hacerse es: ¿de verdad queremos libertad de expresión… o sólo la libertad que nos deje expresarnos a nosotros mismos?
Ahí lo dejo.
🗣️ Dale una vuelta. Y si te atreves, déjame un comentario con lo que piensas.
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¡Agur!





Blackie Books le apuesta creo también a la polémica, tuvieron una situación parecida por edición de la Odisea (o la Iliada) porque en la solapa ponían un comentario de Borges sobre la traducción que resultaba engañosa.
¡Qué indignación causan este tipo de cosas, Koque! Estoy completamente de acuerdo con tu opinión.
Yo también me encontré con esa nota y la promoción de la traducción me hizo ruido. Nunca entenderé que se remarque tanto el sexo de un autor o traductor, como si por el simple hecho de que la traductora sea mujer, entonces, ya es mejor.
Con esto de la censura que contás, es algo que me preocupa respecto a la crítica al feminismo que pienso publicar.
Un saludo.
PD: te dejo un video donde hablan de esta nueva traducción: https://youtu.be/GJgzig363LM?si=LIwfKlFYpdpc4vVv